Dial M for Murder (1954)

Dial M for Murder (1954)

escrita por Frederick Knott, basada en su obra de teatro

dirigida por Alfred Hitchcock

Calificación: 3.5 / 4 – Muy buena

Para muchos, la noche de Año Nuevo es un asunto complicado: las fiestas, el estupor alcohólico, el beso a la persona equivocada y las ganas de abordar la máquina del tiempo para deshacer el error. Y ya que los viajes en el tiempo son tan costosos, prefiero irme por lo seguro y quedarme en casa viendo una película.

La despedida del 2012 al 2013 no fue la excepción. Después de acostar a mi hijo, mi esposa y yo nos sentamos en compañía de un plato de galletas saladas y queso Gouda, una botella de Moscato d’Asti y el control remoto para Netflix, vía Internet.

¿Con qué nos encontramos? Un hombre descubre que su esposa lo engaña con otro. Un plan maquiavélico para asesinarla. Un inspector de policía que sospecha que hay gato encerrado, pero no puede probarlo. Una premisa simple, sí, pero en manos del maestro Hitchcock, una obra de máximo y retorcido suspenso.

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Alfred Hitchcock, Grace Kelly y Robert Cummings discuten una escena.

Dial M for Murder se apega bastante a la obra de teatro que la inspiró: la mayoría de la acción se desarrolla en un sólo escenario – la sala de un apartamento en Londres. Margot Wendice (Grace Kelly) le pone los cuernos a su esposo, Tony (Ray Milland), con el escritor de novelas de crímenes Mark Halliday (Robert Cummings). En cuanto comienza la película, los amantes ilícitos discuten cómo decírselo a Tony y nuestras simpatías se inclinan hacia el esposo traicionado. Pero tardamos poco en darnos cuenta de que Tony es más que una simple víctima: no sólo sabe de la aventura, también ha trazado un plan para el “crimen perfecto”, con el que se deshará de su esposa infiel sin que pueda ser acusado.

Tony le explica su plan, detalle a detalle, a quien sería el asesino: un antiguo compañero de la universidad (Anthony Dawson) con un pasado algo oscuro. Hichcock ama el diálogo, y así como lo hizo seis años antes en Rope (1948), orquesta cada conversación de forma tal que las palabras catalizan la tensión.

A estas alturas de la trama ya Hitchcock nos había capturado. El ruido de los fuegos artificiales afuera nos avisó que ya era la medianoche, así que paramos la película – brevemente – para darnos el beso y abrazo de rigor. Rápido… a llenar otra vez nuestras copas y seguir. El plan de Tony… ¿podrá llevarlo a cabo? ¿Lo atraparán? ¿Qué podría salir mal?

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Alguien saldrá herido…

Por supuesto, algo resulta muy distinto de lo planeado (la escena del “asesinato” es una de las más icónicas de Hitchcock, con la muy famosa toma de las tijeras abiertas). A partir de ahí, la película se vuelve un rompecabezas aún más elaborado, donde Tony tiene que inventar una mentira tras otra para mantenerse libre de sospechas. Revelarles más sería un crimen (juego de palabras no intencional). Esta es una que los fanáticos de Hitchcock y de los thrillers en general no deben perderse.

La noche de Año Nuevo perfecta… ¡Salud!

Carlos I. Cuevas

 

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