The Haunting (1963)

The Haunting (1963)

escrita por Nelson Gidding

basada en la novela The Haunting of Hill House por Shirley Jackson

dirigida por Robert Wise

Calificación: 4 / 4 – Excelente

Recuerdo una noche que, estando solo en mi cuarto, vi con toda claridad la enorme cabeza de un degollado, justo encima del marco de la puerta. Fue horrendo. Tendría yo unos ocho años. Hoy, el recuerdo de esta visión es tan real como, por ejemplo, el rostro de la niña de la que me enamoré en el autobús escolar. Fue algo que viví. En el caso de la chica, ella sí estaba ahí. En el de la cabeza, supongo que no. Pero eso no cambia el hecho de que ambas cosas las vi. Y es que… ¿quién, alguna vez, no aceleró el paso para salir de una habitación donde “escuchó” un raro murmullo, “sintió” un extraño frío o “vio” una sombra fuera de lugar?

Theres-some-scaaaaary-stuff-going-on-here.

¿Qué fue ese ruido?

¿Por qué viene esto al caso? Por The Haunting, la extraordinaria película de terror donde un científico, estudioso de fenómenos paranormales, convoca a un selecto grupo de individuos (son sólo tres) a pasarse unas noches en Hill House ­– una mansión con fama de estar “embrujada” o “poseída” – para documentar el efecto que la casa tendrá sobre ellos.

Robert Wise, uno de los grandes en la historia del cine, dirigió The Haunting después de – nada más y nada menos – West Side Story (1961), y antes de – nada más y nada menos – The Sound of Music (1965). Wise era un director de detalles. Para él, la manera en que un actor se sirve el café es tan importante como el diálogo que sostiene cuando lo hace. Él fue la opción perfecta para convertir a la mansión Hill House en todo un personaje. La escenografía y la iluminación crean una atmósfera pesada y gótica, pero creíble. La película, en blanco y negro con mucho contraste, te hace sentir en un ambiente oscuro y, sin embargo, se distingue cada detalle.

haunting-bloom-harris

Claire Bloom como Theodora y Julie Harris como Eleanor Lance.

En la mansión, tú, al igual que los personajes, estás desorientado. Sientes que no sabrías cómo llegar de un sitio a otro. Además, las habitaciones y los salones no tienen formas ni ángulos normales. Más que un lugar terrorífico, es un lugar incómodo. Y cuando estás incómodo, sientes incertidumbre, y de ahí pasas al miedo. La dirección de Wise te coloca en el punto de vista de una mansión que acosa a sus huéspedes; y que, sin decirles una palabra ni tocarlos, juega con sus emociones.

En la casa se escuchan ruidos, soplan corrientes de aire frío, se cierran las puertas estrenduosamente. Hay espejos en lugares claves que asustan a los personajes con su propia imagen. Cosas que todas las casas hacen (sobre todo si son viejas), pero ésta lo hace en los momentos indicados. ¿Es a propósito? ¿Existe una consciencia detrás de lo que está pasando? ¿Fantasmas? ¿O hay alguien más en la casa que los quiere asustar?

Los tres conejillos de indias son todos personajes muy bien definidos. Luke: sarcástico y escéptico. Algún día heredará la casa. Theodora: extrovertida, moderna y probablemente lesbiana. Eleanor: la insegura solterona que luego de cuidar a su madre enferma durante años, sin poder socializar ni tener vida propia. Al morir la madre se haya desamparada, sola y al borde de un colapso nervioso.

Eleonor encuentra en la invitación a una posible mansión embrujada el estímulo para seguir viva. Su relación con la casa termina siendo la columna vertebral de la película. Eleanor es la protagonista. La casa es la antagonista. La casa parece ensañarse con ella. Digo “parece” porque no te dan pruebas totalmente sólidas de ello. La pobre Eleanor podría estar interpretando mal los eventos. Es la primera aventura que tiene en su vida.

O quizás la casa sí la quiere para ella.

 

haunting-face

Rostros en el papel tapiz.

Los dibujos en el papel tapiz son de plantas, pero desde la cama, durante la noche, Eleanor (y nosotros también) los confunde con rostros malvados que aguardan en la pared. Viendo esta escena, pensé en cómo un niño a veces le otorga formas de animales, monstruos o fantasmas a los objetos y sombras en su habitación. Los niños están programados para suponer peligros en la penumbra. El cerebro de un pequeño nacido hoy es igual al de uno nacido hace 10.000 años. Lo que es el terrorífico contorno de una rama (o de una lámpara), pudo haber sido una serpiente. Estar pendiente de esas posibles fuentes de peligro mantenía a los niños junto a los adultos y alerta ante los predadores… y salvó a nuestra especie.

El problema es que nuestros genes no se han adaptado a la seguridad de la luz eléctrica y de los ambientes no silvestres. Los niños siguen buscando monstruos en la noche. Cuando crecemos, aprendemos a controlar esos temores, pero no completamente. The Haunting explota nuestros miedos más básicos e instintivos. Para mí, la casa no está habitada por fantasmas… o quizás sí. Sólo sé que mientras veía la película mi adulto racional luchaba con mi niño natural… y fue maravilloso.

P.D. Hay otra versión de The Haunting (1999). La vi e iba a compararlas, pero no lo vale. También leí el libro de Shirley Jackson. Me gustó, pero creo que la historia fue mejorada para la película.

Rogelio Rodríguez

 

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s