Rosemary’s Baby (1968)

Rosemary’s Baby (1968)

escrita y dirigida por Roman Polanski

basada en la novela de Ira Levin

Calificación: 4 / 5 – Excelente

No soy fanático de la actuación de Mia Farrow. No conozco casi nada del trabajo de John Cassavetes y – como soy bastante ateo – así como no creo en Dios, tampoco creo en su colega, el Diablo. Sin embargo, desde que la vi hace un par de meses, no he podido sacarme de la cabeza a Rosemary’s Baby… ¡Qué buena es!

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Rosemary Woodhouse (Mia Farrow) ve algo aterrador.

Rosemary’s Baby, o La Semilla del Diablo, como se le llamó en español, es una película de terror que no te hace saltar de tu asiento o cama. En ella no hay ningún ¡búu! Se aleja de ese terror fácil de monstruos o sobresaltos. Aparte de un poco de maquillaje, no muestra efectos especiales y la historia ni siquiera es necesariamente fantástica. Sin embargo, Rosemary’s Baby te asusta.

La trama es muy simple: una joven pareja se muda a un apartamento en un viejo edificio de Nueva York. La chica es, aparentemente, víctima de un complot entre sus vecinos ancianos, su obstreta y – quizás – hasta su esposo. El objetivo del complot es dejarla embarazada, nada más y nada menos que… del Diablo. Es algo así como la contraparte de la “historia” de Jesús, hijo de Dios (porque si el Señor pudo embarazar a una chica, ¿por qué el Diablo no?).

El guión está basado en un best seller de los sesenta con el mismo nombre. Recuerdo que lo leí, por ahí a mediados de los setenta. Me gustó. Con sólo unos 11 años de edad, no podía parar de leerlo.

Es una historia que, tanto en el libro como en la película, se construye poco a poco. Nos vamos moviendo desde la joven y tierna pareja, con unos vecinos viejos, un poco impertinentes, pero buena gentes; hacia la tierna pareja y los viejitos, a los que ya se les pasó la mano en cuanto a extrañas atenciones; hasta llegar a la pareja, ya no tierna, con unos vecinos endemoniados.

Cuando termina la película, tú piensas: “Esto pudo haber pasado sin la intervención de ningún ente sobrenatural”. Y, de hecho, quizás es algo que ha ocurrido mayormente en la cabeza de la protagonista… ¿o no?

Rosemary’s Baby no acelera y desacelera tu corazón una y otra vez. Más bien, empiezas muy relajado, disfrutando del amor que se profesa la parejita, pero la frecuencia cardiaca te aumenta poco a poco. Al final, no es que estás a punto de que te dé un infarto, es que te preguntas… “Por qué estoy tan nervioso? ¿Por qué estoy sudando? ¿Por qué me siento tan incómodo si no he visto ni una gota de sangre y ni siquiera estoy seguro de que el Diablo sea realmente parte de esta historia?”

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Roman Polanski dirije a Mia Farrow.

La película es como su afiche promocional: simple, misteriosa, efectiva pero poco efectista. Es como su tema musical: una especie de canción de cuna que hace que se te paren los pelos. Es como su eslogan: “Pray for Rosemary’s Baby”. No sabes exactamente qué significa, pero te produce curiosidad y miedo.

¿Por qué Rosemary’s Baby es de terror, si no te aterra? ¿Por qué es de horror, si nunca quiziste cerrar tus ojos para no ver lo que venía? Porque quizás hace falta otro título de género para una película como esta. En su época, se acuñó el término Dark Fantasy, pero yo no lo usaría, puesto que la película no es necesariamente fantástica.

Mia Farrow está sensacional en su papel. Luce dulce y sexy al comienzo, dulce y loca en el medio, dulce y audaz en el climax, dulce y la más pura encarnación del mal al final.

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Roman Polanski prepara un tiro de cámara.

Por cierto que el final es un revés total que no hubiésemos podido anticipar y que tiene más sentido que cualquier cosa. Y es que – piénsalo bien – si fueses el Diablo, en lugar de ganarle a la heroína, deberías ganártela. Además, ni siquiera el Diablo puede contra el instinto materno… así que mejor lo aprovecha.

Me vino a la mente una fantasía: ¿y si alguien se atreviera a producir la contraparte de esta contraparte? Una película sobre un complot llevado a cabo por un grupo de cristianos fanáticos, que quiere dejar embarazada de Dios a una chica, por supuesto contra su voluntad. Después de todo, el Diablo no le pide permiso a Rosemary. Y hasta donde nos han contado, tampoco Dios le pidió permiso a María.

No sé si alguien se lanzaría a una aventura como esa. A Scorsese no le fue muy bien con The Last Temptation of Christ (1988), una película que hacía valorar a Jesús, incluso ante aquellos que no creemos en ese personaje como un hijo de Dios o algo así. Pero Scorsese se atrevió a mostrarlo un poco libidinoso (no más de lo normal)… y ahí se metió en problemas.

Rosemary’s Baby: réntala o cómprala. La dirigió el entonces jovencito Roman Polanski, y él mismo adaptó la novela a la pantalla. Ambas cosas las hizo magistralmente.

Rogelio Rodríguez

 

 

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